Anecdotas De Adulto

LITTLE BOY 109Después de su primera telenovela, viajó a Nueva York a estudiar actuación e intentar una vez más firmar un contrato como cantante.

Allí comprobó que la lucha por la sobrevivencia es muy difícil. Logró entrar hasta las recepciones de los rascacielos donde funcionan las grandes compañías discográficas . En todas dejaba su demo y se lo devolvían por correo con una amable carta de rechazo.

Hizo los famosos castings como modelo para tratar de conseguir dinero y vio que en las colas de las agencias había centenares de personas con atributos semejantes. Después de un año regresó , más sólido como actor.

Otra vez en México, como actor famoso y respetado, pero con el deseo de la música truncado, continuó haciendo lo que hacen todos: insistir, perseverar y golpear puertas .

Pasó por muchas antesalas siempre escuchando: “Siéntese ahí joven que el jefe está en una junta”, “No es el tipo de música que estamos buscando”,”Quizás el próximo año”,”No llame, nosotros los llamaremos si estamos interesados”.

En Miami, la ciudad más influyente de toda Latinoamérica, se encontró con otros jóvenes que andaban con las mismas ilusiones, se consolaban y retro alimentaban con tantos intentos y pocos logros.

Después de más de 550 horas de telenovelas, por supuesto, era el rostro más reconocido del lavadero público de ropa en Miami Beach.

Caminaba mucho para hacer ejercicios y porque no tenía auto. Se convirtió en adicto del atún y a las deliciosas y baratas sopas enlatadas .

Los ancianos del edificio donde vivía le reclamaban cuando subía el volumen en el pequeño estudio de música que ocupaba gran parte del apartamento que sus amigos llamaban La Vecindad del Chavo.

Todas las mañanas salía a trotar y en los atardeceres a nadar en el mar. Un día encontró a Gloria y Emilio Estefan y otros famosos de la música, prensa y televisión, que le dieron amistad, ánimo y consejos.

Se fue entrometiendo poco a poco en esta poderosa ciudad, que en el fondo no es más que un pueblo grande, donde todos los que hacen lo mismo se conocen, hasta que llegó recomendado a Fernán Martínez, -un manager con buenas credenciales y malos modales cuando de ver talento nuevo se trata-, oyeron el manoseado demo, hablaron poco y se pusieron una cita para visitar los estudios del compositor y productor, Estéfano.

Ahí, cuatro o cinco días después, encerraron a Eduardo Verástegui entre las cuatro paredes de un estudio de grabación, le pusieron un micrófono, unos audífonos y le soltaron la pista que le habían dado la noche anterior para que ensayara.

Cuando el CD salió del horno se lo puso por teléfono a sus padres y tres hermanas que lo llaman Pepe como en la escuela primaria de Xicontencatl.

Por teléfono también se lo hizo escuchar a sus cinco amigotes de México que lo llaman Lalo y fue a la lavandería pública de Miami Beach donde lo llamabanVerástegui a poner su música.

Les dejó unas muestras a los vecinos, los ancianos y trabajadores de La Vecindad del Chavo e hizo las maletas para regresar a México, donde 14 meses atrás había salido con un sueño y después de tantos desvelos, regresaba con toda el alma puesta en esa tortillita digital que llaman CD.

Ahora Eduardo Verástegui lo tiene todo, al menos para dar el primer paso de la extensa e intensa caminata que le espera, para ocupar el sitio que anhela en la nueva galería del pop latino.

Se lo merece. Lo ayudarán, su música, el Tauro que lleva adentro y el poderoso Ángel que lo acompaña..